Hay momentos en los que me detengo a pensar en mi vida y me doy cuenta de algo que, por estar tan concentrado en lo que me falta, muchas veces olvido: todavía no estoy donde quiero estar, pero ya no estoy donde solía estar. Y decirlo parece sencillo. Pero para mí tiene un significado mucho más profundo. Porque sé todo lo que ha ocurrido entre aquella persona que era y la persona que estoy intentando ser. Sé de los días en los que dudé. Sé de las veces que me sentí perdido. Sé de los momentos en los que pensé que no estaba avanzando. Sé de las veces que quise rendirme. Y también sé que, aunque todavía tenga mucho camino por recorrer, hubo algo dentro de mí que decidió no quedarse en el mismo lugar. Ese fue mi verdadero comienzo. A veces no reconozco mi propio progreso Me pasa que miro hacia adelante y veo todo lo que todavía quiero conseguir. Quiero crecer. Quiero mejorar. Quiero alcanzar metas que todavía están lejos. Quiero convertirme en una persona de la que pueda sentirme orgulloso...
Hay momentos en los que uno entiende que no puede seguir dejando que la vida decida por uno. Durante mucho tiempo he pensado demasiado las cosas. He tenido dudas, miedos y preguntas que muchas veces me han hecho quedarme en el mismo lugar. No porque no quiera avanzar, sino porque tomar una decisión nunca ha sido tan fácil como parece. Hoy siento que estoy en un proceso. Un proceso de aprender a tomar mejores decisiones. De pensar en mi futuro. De reconocer lo que quiero cambiar y también aquello que ya no quiero seguir cargando. No tengo todas las respuestas. Todavía hay decisiones que me cuestan. Hay caminos que no sé si serán los correctos y momentos en los que el miedo aparece antes de dar un paso. Pero también he comprendido que esperar toda la vida por el momento perfecto puede convertirse en otra forma de quedarse detenido. Por eso estoy intentando cambiar. No se trata de tener una vida completamente organizada de un día para otro. Se trata de comenzar a mirar mis decisiones de o...