Introducción
Hay palabras que nacen de la calma y otras que aparecen en medio de la tormenta. Algunas llegan mientras contemplamos el mar; otras surgen de una noche de insomnio, de un recuerdo, de una persona, de una historia imaginada o simplemente de una emoción que pide ser expresada.
Esta entrada reúne diferentes formas de mirar y sentir la vida. Son textos escritos desde la espontaneidad, sin pretender encontrar siempre respuestas ni buscar la perfección. Cada poema y cada reflexión guarda una pequeña parte de aquello que nos habita: la tristeza, la fragilidad, la belleza, la incertidumbre, el amor, la culpa y, sobre todo, la esperanza.
En ocasiones, escribir es una manera de detenernos y escuchar lo que llevamos dentro. Es darle forma a aquello que no sabemos explicar, convertir un pensamiento en palabras y permitir que una emoción encuentre un lugar donde descansar.
Desde el mar que espera recuperar su canto, hasta Mariano, un pequeño soldadito enfrentado a su propia fragilidad; desde la belleza espontánea de Rosa María hasta los pensamientos que no nos dejan dormir, cada historia nos recuerda que detrás de nuestras experiencias siempre existe algo que merece ser contado.
Porque escribir sin filtro no significa escribir sin sentir. Significa permitir que las palabras nazcan tal como llegan, con sus dudas, sus imperfecciones y sus silencios. A veces, en esas palabras inesperadas encontramos algo que no estábamos buscando: una verdad, un recuerdo, una forma de sanar o simplemente la certeza de que no estamos solos en aquello que sentimos.
El mar y la calma
A veces, como el mar en esta imagen, nos encontramos sumidos en el silencio de nuestras emociones, buscando respuestas que parecen lejanas, como estrellas perdidas en el cielo.
La tristeza, la soledad y el dolor pueden envolvernos hasta hacernos sentir perdidos, sin encontrar aquel consuelo que alguna vez nos brindaron las olas con su canto. Sin embargo, es precisamente en esos momentos de quietud y reflexión cuando podemos descubrir que la paz que buscamos quizá esté más cerca de lo que imaginamos.
Tal vez el mar, al igual que nosotros, solo necesita tiempo para sanar, para recordar que las olas siempre vuelven y que, aunque a veces las estrellas parezcan demasiado lejanas, permanecen allí, observando desde lo alto.
Quizás todos tenemos momentos de duda, angustia y dolor. Momentos en los que sentimos que hemos perdido nuestro rumbo y que la tormenta nunca terminará. Pero también podemos encontrar consuelo en la quietud, en la espera y en la esperanza de que, tarde o temprano, la tormenta pasará.
Quizás el mar ya no recuerde su canto, pero eso no significa que haya dejado de ser el mar. Y aunque su dolor persista, siempre habrá una luna que refleje su luz, aunque sea tenue, recordándole que la calma llega a su debido tiempo.
Porque incluso después de la tormenta, las olas regresan. Y quizá nosotros también, poco a poco, aprendamos a volver a nosotros mismos.
🪖 El soldadito de cartón
Mariano es un soldadito de cartón. Mariano sabe lo que tiene que hacer, lava su fusil con agua y jabón.
Pero Mariano, al mojarse, siente la tristeza al ver cómo el cartón se daña.
Marianito no escuchó las recomendaciones, y por poco pierde su vida, al no seguir las instrucciones de sus superiores.
La comandancia llama a Mariano, lo interrogan:
—¿Por qué has mojado tu fusil con agua y jabón? ¿Qué has hecho con tu fusil, Mariano?
Ay, Mariano, vale más tu fusil de goma que tu propia existencia.
¡Mariano, Mariano!
¿Qué vida tan cruel, donde tu rebeldía y el valor al mundo cartoncito juegan en contra de tu existencia?
Mariano, con su cartón arrugado, siente el peso de la culpa en su pecho,
pero la guerra no tiene piedad, y el soldadito debe marchar, aunque su fusil ya no sirve más.
El campo de batalla es vasto y vacío,
las sombras se alargan en la tarde dorada,
y aunque su cuerpo es de cartón, Mariano sigue adelante,
esperando un milagro, un rescate,
pero sabe que su final ya está cerca.
El viento sopla fuerte, y el sol se oculta tras la nube gris,
Mariano sigue marchando, con los ojos perdidos en el horizonte.
"Si al menos mi fusil fuera fuerte, si al menos mi cartón fuera de hierro", piensa Mariano,
pero su vida se consume como una llama efímera,
en un mundo donde la fragilidad es su condena.
Reflexión
Mariano representa la fragilidad de nuestras luchas y sueños. En un mundo donde las expectativas son tan grandes, el peso de la vida a menudo recae sobre quienes no tienen los recursos para sostenerse. Su historia nos habla de lo injusta que puede ser la realidad cuando lo que somos no alcanza para enfrentar lo que se nos exige.
A veces, aunque nuestras acciones sean bien intencionadas, no podemos evitar el daño. Como Mariano, pagamos precios altos por decisiones simples, porque las herramientas que tenemos —emocionales, mentales o materiales— no siempre bastan para sobrevivir a nuestras batallas.
Rosa María
Rosa María se baña en el río,
su piel canela,
fragancia de naturaleza.
Tan pura y clara como un "te amo",
Rosa María, su piel canela.
Se viste de manglar,
y entre rosas como tú, ninguna,
mis ojos no pueden dejar de mirarte.
Rosa María, reina de los manglares,
como el viento y el mar,
se rinden a tus pies.
Reflexión
"Rosa María" nace como un poema espontáneo, como una brisa cálida que acaricia el pensamiento. No hubo planeación, solo el deseo de capturar una imagen, una sensación, un suspiro.
A veces las palabras más sinceras vienen sin aviso. Así como Rosa María se baña en el río, también nuestras emociones fluyen cuando dejamos que el momento nos hable. La poesía, como la vida, no siempre se escribe; a veces simplemente ocurre.
Insomnios
¿Qué insomnios son estos que no me dejan dormir?
Me aconsejaron que dejara de tomar café,
pero ¿por qué llegan tantos pensamientos,
que me intranquilizan acerca de mi vivir?
Un futuro incierto y un presente acomplejado,
decisiones equivocadas, proyectos interrumpidos...
A veces pensar es bueno, pero pensar demasiado es una carga,
una prisión mental que no deja descansar.
Qué insomnio tan cruel,
que me roba el descanso y me aleja del amanecer,
que me lleva al pasado, me sacude en el presente
y me lanza a un futuro que no comprendo.
Mis pensamientos me atrapan,
tejiendo miedos, reflejando angustias,
y aunque quiera escapar,
la noche y su silencio se convierten en mi espejo.
Reflexión sobre el insomnio
El insomnio es ese visitante silencioso que aparece cuando más necesitamos descanso. Se convierte en símbolo de la lucha interna: dudas, culpas, miedos, decisiones que pesan más que el cuerpo cansado.
La mente no se apaga fácilmente cuando el alma está inquieta. Pensamos, analizamos, planeamos… pero si no actuamos, si no nos liberamos del peso mental, solo quedamos atrapados en el ciclo. Dormir se vuelve imposible cuando lo que realmente necesitamos es paz.
Recomendación que nace del momento
Si alguna vez has sentido que tus pensamientos brotan sin aviso, como un suspiro convertido en palabra, entonces entenderás el poder de escribir desde la emoción. Así nació esta entrada, y así también nace cada verso de El sol y sus flores de Rupi Kaur.
Este libro no busca la perfección, busca la verdad. Con palabras simples pero profundas, la autora comparte emociones que todos hemos sentido: amor, pérdida, duelo, sanación y renacimiento.
Una obra que, como estas palabras, no necesita ser planificada para ser honesta
Conclusión
Al reunir estos textos, descubro que todos, de una u otra manera, hablan de lo que significa sentir y seguir adelante. El mar representa la espera y la esperanza; Mariano, nuestra fragilidad frente a las exigencias de la vida; Rosa María, la belleza que surge de un instante; y los insomnios, esos pensamientos que nos enfrentan con nuestros propios miedos y preguntas.
Quizás escribir sea también una forma de navegar por todo aquello que llevamos dentro. No siempre necesitamos encontrar respuestas; a veces basta con expresar lo que sentimos y permitir que las palabras hagan su propio camino.
Cada texto nació de un momento diferente, pero todos tienen algo en común: fueron escritos desde la emoción y sin la necesidad de ser perfectos. Porque la vida tampoco lo es. Hay días de calma y días de tormenta, momentos de luz y otros de oscuridad. Lo importante es recordar que ninguno de ellos es permanente.
Las olas siempre regresan, incluso después de la tormenta. La noche finalmente da paso al amanecer, y aquello que hoy parece imposible de soportar puede convertirse mañana en una historia que nos enseñó a ser más fuertes.
Por eso, seguir escribiendo es también una manera de seguir viviendo, de escucharnos, de comprendernos y de volver, poco a poco, a nosotros mismos. A veces, una palabra basta para comenzar a sanar; otras veces, solo necesitamos dejar que el silencio hable.
Al final, escribir sin filtro es eso: permitirnos ser quienes somos, con nuestras dudas, nuestras heridas, nuestros sueños y nuestra esperanza. Porque mientras tengamos algo que sentir y algo que decir, siempre habrá una historia esperando ser escrita.
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