Durante mi proceso de cambio he comenzado a entender algo que antes no veía con tanta claridad: la manera en que pienso puede influir en la forma en que me siento y en las decisiones que tomo.
Muchas veces creemos que nuestras emociones aparecen de la nada. Sentimos miedo, tristeza, preocupación, inseguridad o motivación y simplemente pensamos que es algo que nos sucede.
Pero cuando empiezo a observarme con más atención, descubro que muchas veces existe un pensamiento detrás de esa emoción.
Una situación ocurre.
Yo la interpreto de determinada manera.
Esa interpretación puede generar una emoción.
Y esa emoción puede influir en la manera en que actúo.
Comprender esta relación se ha convertido en una parte importante de mi cambio.
Estoy aprendiendo a observar lo que ocurre dentro de mi mente
Todos tenemos pensamientos durante prácticamente todo el día.
Algunos son conscientes y otros aparecen automáticamente.
Puedo pensar:
“Esto va a salir mal.”
Y sentir miedo.
Puedo pensar:
“No soy capaz.”
Y sentir inseguridad.
Pero también puedo pensar:
“Puedo aprender.”
Y sentirme con más disposición para intentarlo.
Esto no significa que simplemente podamos pensar algo positivo y hacer desaparecer cualquier problema.
La realidad es mucho más compleja.
Pero sí estoy aprendiendo que la manera en que interpreto una situación puede influir en cómo me siento y en lo que hago después.
Los pensamientos pueden cambiar la manera en que veo una situación
Imaginemos que cometo un error.
Puedo pensar:
“Soy un fracaso.”
Pero también puedo pensar:
“Cometí un error y necesito aprender de él.”
El hecho es el mismo.
Lo que cambia es la interpretación.
La primera interpretación puede hacer que quiera abandonar.
La segunda puede motivarme a corregir y continuar.
Esto me ha hecho comprender que no siempre puedo elegir lo que sucede, pero puedo aprender a revisar la historia que me cuento sobre aquello que sucede.
El poder de nuestro diálogo interno
Durante mi proceso de cambio también he empezado a prestar más atención a la manera en que me hablo.
Todos tenemos una conversación interna.
A veces nos anima.
Otras veces nos critica.
Y en ocasiones puede ser mucho más dura de lo que permitiríamos que otra persona fuera con nosotros.
Puedo decirme:
“No eres suficientemente bueno.”
“Nunca vas a conseguirlo.”
“Siempre cometes los mismos errores.”
Si repito estas ideas constantemente, es posible que terminen influyendo en mi confianza y en las decisiones que tomo.
Por eso quiero aprender a hablarme de una manera más realista y constructiva.
No se trata de engañarme diciendo que todo está bien.
Se trata de preguntarme:
“¿Qué puedo hacer ahora?”
La profecía autocumplida y lo que espero de mí mismo
El sociólogo Robert K. Merton desarrolló el concepto de profecía autocumplida, relacionado con la manera en que determinadas creencias o expectativas pueden influir en nuestras acciones y terminar contribuyendo a que aquello que esperamos ocurra.
Esta idea me hace pensar en algo que puede suceder en nuestra propia vida.
Si estoy convencido de que no soy capaz, probablemente evitaré ciertos desafíos.
Si los evito constantemente, tendré menos oportunidades de aprender.
Y al no aprender, puedo terminar interpretando mi falta de resultados como una confirmación de que realmente no soy capaz.
Es un círculo.
Pero también puede funcionar en otra dirección.
Si pienso:
“Todavía no sé hacerlo, pero puedo aprender.”
quizá esté más dispuesto a intentarlo.
Y al intentarlo, puedo adquirir experiencia.
Esa experiencia puede aumentar mi confianza.
Y la confianza puede hacer que vuelva a intentarlo.
Henry Ford y una idea que me hace reflexionar
Existe una frase atribuida a Henry Ford que expresa una idea muy conocida sobre nuestras creencias:
“Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienes razón.”
Más allá de la frase, lo que me interesa de esta idea es la influencia que pueden tener nuestras creencias sobre nuestras acciones.
Si antes de comenzar algo ya estoy convencido de que no puedo, probablemente actuaré con menos confianza.
Pero si considero que puedo aprender, es más probable que esté dispuesto a intentarlo.
Por eso estoy intentando no convertir mis dudas actuales en una sentencia sobre mi futuro.
Mis emociones también pueden influir en mis acciones
La relación no funciona solamente de los pensamientos hacia las emociones.
Mis emociones también pueden influir en lo que hago.
Cuando tengo miedo, puedo evitar.
Cuando estoy frustrado, puedo reaccionar impulsivamente.
Cuando estoy desanimado, puedo abandonar algo que normalmente sí quiero.
Por eso estoy aprendiendo a hacer una pausa antes de reaccionar.
Cuando aparece una emoción intensa, intento preguntarme:
“¿Qué estoy sintiendo?”
Después:
“¿Qué pensamiento está detrás de esto?”
Y finalmente:
“¿Qué decisión quiero tomar?”
Ese pequeño espacio entre sentir y actuar puede ser muy importante.
Estoy aprendiendo que no tengo que obedecer cada emoción
Una emoción es real porque la estoy experimentando.
Pero sentir algo no significa necesariamente que tenga que actuar inmediatamente de acuerdo con ello.
Puedo sentir miedo y aun así avanzar.
Puedo sentir frustración y decidir no reaccionar impulsivamente.
Puedo sentir inseguridad y aun así intentarlo.
Esta es una de las cosas que más quiero aprender durante mi cambio:
sentir una emoción sin permitir que esa emoción tome automáticamente todas mis decisiones.
Cómo estoy intentando cambiar mis pensamientos
No quiero quedarme solamente con la reflexión.
Quiero llevarlo a mi vida diaria.
Por eso estoy intentando aplicar pequeños cambios.
Estoy aprendiendo a cuestionar mis pensamientos negativos
Cuando aparece una idea como:
“No puedo hacerlo.”
intento preguntarme:
“¿Qué evidencia tengo de que realmente no puedo?”
Y después:
“¿Qué parte sí puedo intentar?”
Estoy intentando practicar la gratitud
No significa ignorar los problemas.
Significa también reconocer aquello que sí tengo.
A veces estamos tan concentrados en lo que falta que dejamos de valorar lo que ya forma parte de nuestra vida.
Estoy aprendiendo a vivir más en el presente
Muchas preocupaciones nacen de situaciones que todavía no han ocurrido.
Mi mente puede pasar horas imaginando escenarios futuros.
Por eso intento regresar al momento presente y preguntarme:
“¿Qué puedo hacer hoy?”
Estoy cuidando más lo que dejo entrar en mi mente
Las personas con las que hablamos, lo que escuchamos, lo que vemos y el contenido que consumimos pueden influir en nuestro estado mental.
Por eso estoy intentando ser más consciente de aquello a lo que presto atención todos los días.
No quiero convertir el pensamiento positivo en una obligación
También estoy aprendiendo algo importante.
No quiero obligarme a estar positivo todo el tiempo.
Hay momentos en los que voy a sentir tristeza.
Habrá días de frustración.
Habrá momentos de miedo.
Y eso forma parte de ser humano.
Mi objetivo no es eliminar las emociones difíciles.
Quiero aprender a comprenderlas y responder ante ellas de una manera más consciente.
Mi mente no tiene que ser mi enemiga
Durante mucho tiempo pude ver mis pensamientos negativos como algo que simplemente tenía que eliminar.
Ahora intento mirarlos de otra manera.
Quizá algunos pensamientos me están mostrando un miedo.
Quizá una preocupación está señalando algo que necesito resolver.
Quizá una inseguridad me está indicando un área en la que necesito trabajar.
Por eso quiero aprender a escuchar mi mente sin creer automáticamente todo lo que me dice.
Lo que estoy descubriendo sobre mi cambio
Mientras más observo mis pensamientos, más comprendo la conexión que existe entre ellos, mis emociones y mis acciones.
Un pensamiento puede generar una emoción.
Una emoción puede influir en una decisión.
Una decisión puede convertirse en una acción.
Y las acciones repetidas pueden terminar formando hábitos.
Por eso creo que prestar atención a nuestros pensamientos puede ser un buen punto de partida para comenzar a cambiar algunos aspectos de nuestra vida.
No porque podamos controlar absolutamente todo.
Sino porque podemos aprender a ser más conscientes de nuestra respuesta.
Reflexión final
Hoy estoy intentando cambiar algo que durante mucho tiempo pasé por alto: la manera en que me hablo y la manera en que interpreto lo que me sucede.
No quiero vivir creyendo que cada pensamiento negativo es una verdad.
Tampoco quiero obligarme a pensar que todo será perfecto.
Quiero aprender a pensar con mayor conciencia.
Quiero reconocer mis emociones.
Quiero detenerme antes de reaccionar.
Quiero aprender de mis errores.
Y quiero recordar que todavía puedo cambiar muchas cosas de mí.
El psiquiatra Viktor Frankl, autor de El hombre en busca de sentido, reflexionó profundamente sobre la libertad interior y nuestra capacidad de elegir cómo responder ante determinadas circunstancias.
Esa idea tiene un significado especial para mí:
quizá no siempre puedo elegir lo que ocurre, pero puedo trabajar en la manera en que respondo.
Y ese también es un cambio.
Porque transformar nuestra vida no siempre empieza con una gran decisión.
A veces empieza cuando cambiamos la manera en que pensamos sobre aquello que estamos viviendo.
Una pregunta que me hago hoy
¿Qué pensamiento está influyendo actualmente en mis emociones y decisiones, y qué pasaría si comenzara a cuestionarlo?
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