Durante mucho tiempo pensé que conocerse a uno mismo era saber qué quería hacer con la vida.
Pensaba que bastaba con tener metas, hacer planes y seguir adelante.
Pero con el tiempo entendí que hay cosas que solamente descubrimos cuando nuestros planes dejan de funcionar.
Yo también he tenido momentos en los que sentí que estaba perdiendo el rumbo.
Momentos en los que me pregunté si realmente estaba avanzando o simplemente estaba intentando sobrevivir a las circunstancias.
He querido crecer, estudiar, trabajar, construir proyectos y encontrar mi propio camino. Pero no todo ha salido como esperaba. Algunas etapas me hicieron sentir que estaba retrocediendo mientras otras personas parecían avanzar.
Y ahí comenzó una de las preguntas más difíciles que me he hecho:
¿Quién soy cuando las cosas no salen como quiero?
La caída no siempre se ve desde afuera
Hay caídas que nadie ve.
No siempre tienen la forma de perder algo importante. Algunas ocurren por dentro.
Es levantarse cada día con preocupaciones en la cabeza.
Es mirar tus proyectos y preguntarte si algún día funcionarán.
Es intentar encontrar oportunidades mientras todavía estás tratando de ordenar tu propia vida.
Es estudiar y pensar en el futuro mientras también tienes que enfrentar las dificultades del presente.
Desde afuera quizá parezca que no ocurre nada.
Pero por dentro estás librando una batalla contigo mismo.
Y fue en esos momentos cuando empecé a conocer una parte de mí que antes no había visto.
Descubrí que también tenía miedo
Durante mucho tiempo pensé que debía tener todas las respuestas.
Que debía saber exactamente hacia dónde iba.
Pero descubrí que también tenía miedo de equivocarme.
Miedo de tomar decisiones incorrectas.
Miedo de no conseguir aquello que me había propuesto.
Miedo de mirar hacia atrás y sentir que había perdido tiempo.
Y reconocer esos miedos no me hizo más débil.
Al contrario.
Me permitió comenzar a entenderme.
Porque conocerse no significa descubrir solamente nuestras fortalezas.
También significa reconocer nuestras dudas, nuestras inseguridades y aquellas partes de nosotros que todavía necesitan crecer.
Entonces entendí algo
No podía cambiar todo lo que había ocurrido.
No podía regresar al pasado para tomar decisiones diferentes.
Pero sí podía decidir qué hacer con lo que había aprendido.
Podía seguir lamentándome por lo que no había conseguido o podía utilizar esas experiencias para construir una versión diferente de mí.
No fue un cambio repentino.
No desperté un día convertido en otra persona.
Fue algo más pequeño.
Empecé a escribir.
A estudiar.
A pensar en mis proyectos.
A buscar nuevas formas de aprender.
A preguntarme qué quería construir con mi vida.
Y cada una de esas pequeñas acciones comenzó a convertirse en una respuesta.
Quizás todavía estoy en proceso
Hoy no puedo decir que ya tengo todas las respuestas.
Todavía estoy aprendiendo.
Todavía tengo metas que alcanzar.
Todavía existen cosas que quiero cambiar.
Pero hay una diferencia.
Antes pensaba que primero tenía que tener mi vida completamente resuelta para comenzar a sentirme orgulloso de mí mismo.
Ahora entiendo que también puedo sentir orgullo por estar intentando cambiarla.
Porque una persona no se transforma solamente cuando alcanza sus objetivos.
También se transforma mientras lucha por alcanzarlos.
La caída también escribió una parte de mi historia
Quizá aquella etapa que alguna vez vi solamente como una caída tenía algo que enseñarme.
Me enseñó a tener paciencia.
Me enseñó que no siempre puedo controlar lo que sucede.
Me enseñó que equivocarme no significa que sea incapaz.
Y, sobre todo, me enseñó a hacerme preguntas que antes evitaba.
¿Qué quiero realmente?
¿Qué estoy dispuesto a cambiar?
¿Qué clase de persona quiero llegar a ser?
Todavía estoy buscando algunas respuestas.
Pero ahora ya no me preocupa tanto no tenerlas todas.
Porque comprendí que conocerse también es un camino.
Y quizá esa sea una de las cosas más importantes que he aprendido:
No todas las caídas llegan para destruirnos. Algunas llegan para mostrarnos quiénes somos cuando tenemos que levantarnos.
Hoy sigo escribiendo.
No porque mi historia sea perfecta.
Sino porque todavía está cambiando.
Y tal vez por eso se llama “Escribiendo mi Cambio”.
Porque cada decisión, cada aprendizaje y cada nuevo comienzo está escribiendo una parte de la persona en la que algún día quiero convertirme.
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