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No tengo la vida resuelta, pero ya no soy el mismo

 Claro, Jordan. Para “Escribiendo mi Cambio”, te propongo una entrada íntima y realista, enfocada en ese momento en que uno entiende que cambiar no Hay etapas de la vida en las que uno siente que está avanzando demasiado lento.

Mira hacia atrás y piensa en todo lo que quería conseguir. Algunos sueños siguen esperando. Otros cambiaron de forma. Y algunos, simplemente, quedaron en el camino.

Durante mucho tiempo pensé que cambiar significaba convertirme en una persona completamente diferente: tener más seguridad, dejar los miedos atrás, alcanzar mis metas y finalmente sentir que todo estaba bajo control.

Hoy entiendo que no funciona así.

Cambiar también significa levantarse un día sin tener todas las respuestas y decidir continuar.

Significa reconocer los errores sin permitir que ellos definan quién eres.

Significa estudiar aunque estés cansado. Trabajar aunque no sea el trabajo que soñabas. Intentar nuevamente después de haber fracasado. Aprender a hablar cuando antes preferías guardar silencio.

Y, sobre todo, significa dejar de esperar el momento perfecto.

Porque quizá el momento perfecto nunca llegue.

La vida real está llena de dudas, responsabilidades, problemas económicos, decepciones y días en los que simplemente no tenemos ganas de hacer nada. Pero también está llena de oportunidades pequeñas que muchas veces no reconocemos.

Una conversación puede cambiar una decisión.

Un libro puede cambiar una forma de pensar.

Una persona puede inspirarnos.

Una experiencia difícil puede enseñarnos algo que jamás habríamos aprendido de otra manera.

Por eso hoy no quiero decir que tengo mi vida resuelta.

No la tengo.

Todavía tengo cosas que aprender. Todavía tengo miedos que enfrentar y metas que alcanzar. Todavía hay días en los que dudo de mí mismo.

Pero hay algo que sí ha cambiado.

Ya no quiero quedarme esperando a sentirme preparado.

Quiero avanzar mientras aprendo.

Quiero equivocarme y corregir.

Quiero construir poco a poco la persona que algún día miraré con orgullo.

Tal vez mi transformación no sea espectacular.

Tal vez nadie la vea.

Quizá para otras personas solamente sean pequeños cambios: estudiar un poco más, escribir una página, aprender una habilidad, tomar una decisión diferente o simplemente no rendirme ante un día difícil.

Pero para mí, cada uno de esos pasos significa algo.

Porque estoy comprendiendo que una vida diferente no se construye de un día para otro.

Se construye con decisiones pequeñas repetidas muchas veces.

Hoy no soy la persona que quiero llegar a ser.

Pero tampoco soy la persona que fui.

Y quizá eso sea suficiente para continuar.

Todavía estoy escribiendo mi cambio.


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