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A veces, el silencio también habla

 Hay días en los que todo parece detenerse. No hay ideas claras, ni palabras en fila, ni una emoción que podamos traducir fácilmente. Solo una especie de pausa. Como si la vida nos pidiera quedarnos quietos un momento para escuchar lo que está dentro. Esos momentos, aunque incómodos, también son parte del camino. Me ha pasado muchas veces. Sentarme con el deseo de escribir, de expresar algo, pero encontrarme frente al silencio más profundo. Antes solía desesperarme. Sentía que el no poder escribir era una especie de retroceso, una señal de que algo en mí se estaba apagando. Pero con el tiempo, comprendí que el silencio también es una forma de comunicación. Solo que necesita paciencia para ser comprendido. El poeta Rumi escribió una frase que hoy resuena profundamente en mí: “El silencio es el lenguaje de Dios, todo lo demás es una pobre traducción.” Quizá por eso, cuando no sabemos qué decir, deberíamos escuchar más. No todo se resuelve hablando o haciendo. A veces, sanar es ...

Sanar no siempre se nota, pero se siente

Vivimos en una sociedad que aplaude los resultados visibles, los cambios que se notan desde fuera. Pero sanar no siempre es eso. Sanar no es una meta con medallas. Sanar, muchas veces, es un proceso silencioso que solo quien lo vive puede entender. Hay días en que el simple hecho de levantarte de la cama es una victoria. Días en los que lograr no reaccionar como antes ya es un acto de sanación. Días en los que no necesitas gritarle al mundo que estás mejorando porque lo sientes, aunque no puedas explicarlo. Y eso basta. Como escribió Carl Jung: “No hay despertar de la conciencia sin dolor. La gente hará cualquier cosa, por absurda que sea, para evitar enfrentarse a su propia alma.” Sanar, entonces, no es escapar del dolor, sino atravesarlo. No es aparentar fuerza, sino tener el coraje de ser vulnerable. La psicóloga Brené Brown, autora del libro El poder de la vulnerabilidad , lo explica así: “Abrazar nuestra vulnerabilidad es riesgoso, pero no tan peligroso como renunciar al amor, ...

La voz que no escuchaba

Durante años me dejé llevar por la corriente. Fui lo que esperaban de mí. Hice lo que se suponía que debía hacer. Fingí estar bien. Sonreí cuando por dentro estaba lleno de dudas. Callé mis ideas, apagué mis sueños, seguí caminos marcados por otros porque era más cómodo… o menos doloroso. Pero había algo dentro de mí que no estaba en paz. Una incomodidad silenciosa. Un eco lejano que, aunque trataba de ignorar, seguía ahí, esperando. Carl Jung, el reconocido psiquiatra suizo, escribió una vez: “Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.” Y durante mucho tiempo yo solo soñaba con otra vida, pero no despertaba en la mía. La voz interior que tanto ignoré no buscaba fama, ni aprobación, ni éxito rápido. Solo quería ser escuchada. Era mi esencia, mi verdad. Y cuando por fin me atreví a hacer silencio en el ruido del mundo, a desconectarme de las opiniones, las comparaciones, los miedos heredados… La escuché. No gritaba. No exigía. Solo decía: “Aquí ...

El arte de empezar de nuevo

 Hay momentos en los que la vida, sin pedir permiso, nos reinicia. A veces con suavidad, otras con la violencia de un huracán. Y ahí, donde parece que todo terminó, donde las ruinas hablan más fuerte que las esperanzas, nos enfrentamos a una de las decisiones más difíciles y hermosas: volver a empezar. Pero, ¿cómo se empieza de nuevo cuando el alma está cansada, cuando los recuerdos pesan y las fuerzas flaquean? No existe una fórmula mágica. No hay un camino recto ni una guía que asegure el éxito. Empezar de nuevo es un arte, uno que se pinta con lágrimas, coraje, silencio, y una esperanza que resiste incluso en los días más grises. Y sí, duele. Porque para comenzar de nuevo, primero hay que aceptar que algo terminó. Hay que soltar, aunque duela. Hay que decir adiós a lo que fuimos, a lo que soñamos, a lo que no pudo ser. A veces, empezar de nuevo es como cerrar un libro que amábamos antes de llegar a su final, para abrir otro sin saber qué historia vendrá. Pero como dijo Mary Sh...

El peso de lo que no decimos

 A veces lo que más pesa no es lo que cargamos en la espalda… sino lo que callamos en el alma. Cuántas veces hemos querido decir “te extraño”, pero no lo hicimos. Cuántas veces tuvimos que tragar lágrimas, disimular el dolor o fingir que estábamos bien. Y así, nos vamos llenando de silencios rotos, de palabras atrapadas en la garganta, de abrazos que nunca dimos. “Lo que no se dice con palabras, se grita con silencios.” — Mario Benedetti Guardamos pensamientos por miedo a parecer débiles. Ocultamos emociones porque no queremos incomodar. Y nos convencemos de que está bien así, de que hay cosas que es mejor callar. Pero con el tiempo, lo no dicho empieza a pesar. Se acumula como una piedra invisible en el pecho. No se ve… pero se siente. Hay silencios que son un refugio… pero también hay silencios que se convierten en prisiones. Y lo más duro es que, muchas veces, no nos damos cuenta de cuánto daño nos hace lo que no decimos hasta que ya es tarde: cuando la persona se fue, cu...

No estoy donde quiero, pero ya no estoy donde solía estar

A veces me cuesta ver lo que he avanzado. Me enfoco tanto en todo lo que me falta, en lo que aún no he logrado, que olvido mirar atrás y reconocer que ya no estoy en el mismo lugar de antes. No estoy donde quiero estar, es verdad, pero tampoco estoy donde solía estar. Y eso, aunque no lo diga mucho, me hace sentir orgulloso. No ha sido fácil. He tenido días de silencio, de dudas, de querer rendirme. Días en los que sentí que por más que lo intentara, nada cambiaba. Pero poco a poco fui entendiendo que el verdadero cambio no siempre se nota en lo que hago, sino en cómo empiezo a ver la vida, en cómo empiezo a reaccionar, en cómo me hablo a mí mismo. Como dijo Carl Jung: “No hay despertar de la conciencia sin dolor.” Y sí, duele crecer. Duele dejar atrás lo que nos da comodidad, lo que conocemos, incluso cuando ya no nos sirve. Pero hay algo dentro de mí que insiste, que no se conforma, que me empuja a seguir buscando, a seguir caminando. John C. Maxwell decía que “el éxito es el resulta...

Sigue, aunque no sepas a dónde vas

 Hay momentos en la vida en los que todo parece detenerse, menos el tiempo. Caminas, pero no sabes si estás yendo hacia algún lugar o simplemente sobreviviendo el día. Te levantas, haces lo que debes hacer, sonríes por costumbre, pero por dentro hay un silencio que pesa, una pregunta que no se va: “¿Para qué todo esto?” Y sin embargo, sigues. No por tener fuerzas. No porque todo esté bien. No porque la vida te lo ponga fácil. Sino porque hay algo muy dentro de ti que no ha dejado de creer. Una chispa que, aunque tenue, aún arde. Una voz que no grita, pero que se mantiene firme y dice: “Aguanta un poco más.”  Cuando la claridad no llega Es normal no tenerlo todo claro. Es normal sentirte perdido, desconectado o confundido. La vida no viene con un mapa perfecto. No todos los caminos están iluminados. A veces hay que caminar a oscuras, guiado solo por la intuición, por una esperanza que no sabes de dónde viene, pero que se rehúsa a morir. No tienes que tener todas las respue...